1 EUR = 4.35 PLN

En su obra ‘La vida es sueño’, Calderón de la Barca habla de un rey procedente de Polonia. Polonia y España no mantuvieron muchas relaciones en el pasado y a los ojos de los españoles la historia de Polonia se presenta como “trágica y triste”, romántica y no muy arraigada. Sin embargo en 2016 habrán pasado 1050 años desde la entrada de Polonia en la liga de países cristianos y cultura de la Europa occidental y mediterránea, y lla creación de las bases del estado polaco.Por eso te invitamos a descubrir los hechos y leyendas más importantes de la historia polaca.

La leyenda de los tres hermanos

Existe una leyenda eslava que explica el nacimiento u origen de Polonia. En ella, los protagonistas son tres hermanos (Lech, Czech y Rus) que llegaron junto a sus tribus a estas tierras y se situaron entre los ríos Vístula y  Oder. Entre las colinas divisaron un roble muy frondoso en el que encontraron un nido de águilas. Lech decidió quedarse a vivir en ese lugar y creó su propio país (Polonia) dibujando un águila blanca en su bandera. Czech prefirió instalarse más al sur, y Rus al este, estableciéndose respectivamente la República Checa y Rusia.

Los acontecimientos históricos más importantes de Polonia

Se tiene constancia de que los primeros habitantes del territorio polaco se remontan al siglo VI en Gniezno, primera capital del país y sede de la dinastía Piast, que gobernó Polonia hasta el año 1370.  En esta época se produjeron dos de los asentamientos más importantes de la historia del país: los Polanos, que habitaban en lo que actualmente es Wielkopolska (Gran Polonia), y los Wislanos, que se establecieron en Malopolska (Pequeña Polonia).

En este país, tradicionalmente pagano, el cristianismo se introdujo en el año 966 por obra de Mieszko I (primer soberano polaco, que contrajo matrimonio con la princesa checa Dobrawa).

A pesar de la llegada del cristianismo, aún existían muchas tribus paganas en Polonia. Por eso, el príncipe Konrad de Mazowia invitó a Polonia a los Caballeros Teutónicos en 1226 para que le ayudasen a combatirlas, pero con el paso del tiempo los Caballeros Teutónicos se hicieron más poderosos y Polonia se vio amenazada. Este fue el motivo por el que se libró una de las mayores batallas de la Europa Medieval. En el año 1410, en los campos de Grunwald, luchó la unión polaco-lituana contra La Orden de los Caballeros Teutónicos.

El primer monarca de Polonia fue Boleslaw Chrobry (año 1025). Sin embargo, fue a partir  del reinado de Kazimierz Wielki (1333-1370) cuando el país alcanzó su Edad de Oro. Algunos ejemplos de esta plenitud que vivió la Polonia de la época fueron la restauración del castillo Wawel en Cracovia y la apertura, en el año 1364, de la Universidad de la misma ciudad, primera escuela superior polaca y donde estudiaron grandes científicos como Nicolás Copérnico, a quien debemos el conocimiento de que la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés.

El florecimiento del arte, la cultura y agricultura, junto a las importantes conquistas territoriales, duraron  hasta  la muerte del último rey de la dinastía de los Jaguellones, a finales del siglo XVI.

Durante todo este tiempo, Polonia y Lituania formaron la denominada República de las Dos Naciones, cuya capital fue Cracovia. De esta forma, Polonia y Lituania lograron superar militarmente a los Caballeros Teutones, que pretendían ampliar su territorio. La República de las Dos Naciones amplió considerablemente sus fronteras (hasta el mar Negro) y dio pie una numerosa clase noble.

La excesiva libertad de la que gozó la nobleza fue precisamente, según los historiadores, el principal motivo que acabó con el Reino de Polonia. A partir de la muerte del último monarca Jaquellón, que no dejó descendientes, los nobles fueron los encargados de la elección de sus monarcas, por lo que Polonia dejó de ser una monarquía hereditaria.

Con el tiempo, el territorio del reino fue menguando, ya que era difícil conseguir la autorización  de la nobleza para las guerras defensivas y las grandes familias aristocráticas competían entre sí por el trono. Todo ello provocó el caldo de cultivo perfecto para que las tres potencias vecinas (Rusia, Prusia y el Imperio Austro-Húngaro) se repartieran el territorio polaco a finales del siglo XVIII, con la consecuente desaparición del Estado, hasta el año 1918.

El periodo de entreguerras devolvió –aunque por poco tiempo- la independencia a Polonia. El entusiasmo y optimismo que los polacos sintieron durante estos días les llevó a intentar construir las sólidas bases de un Estado que, una vez más, se encontraba en la encrucijada de la Europa Occidental y del Este. La construcción del puerto de Gdynia aseguró al joven país un acceso independiente al mar Báltico, pero asimismo es un claro ejemplo de la comprometida situación que sufría el país, ya que el puerto vecino de Gdansk estuvo gobernado por Polonia y al mismo tiempo, por Alemania.

Finalizada la Segunda  Guerra Mundial y acatando las resoluciones de la Conferencia de Yalta, Polonia perdió sus territorios en la franja oriental, aunque recuperó aquellos que habían sido cuna del Estado polaco en la parte occidental. Este nuevo orden político conllevó la entrada de Polonia en la órbita de influencias de la desaparecida URSS, en el bloque popularmente conocido como “la Europa de detrás del telón de acero”.

Las huelgas masivas de la clase obrera en Gdansk y la creación del primer sindicato independiente del gobierno en 1980 fueron dos hitos claves para el transcurso de la historia polaca.  Estos movimientos llegaron mucho más lejos de lo que entonces se entendía por una “protesta sindicalista”,  y se extendieron por los países vecinos  provocando la caída del Muro de Berlín en 1989 y la reunificación del territorio Europeo.

Os presentamos la historia de Polonia en esta corta película animada, presentada en el Pabellón de Polonia durante la EXPO 2010 en Shanghai: ver película

¿Sabías que…?

Polonia ha tenido tres capitales distintas. La primera de ellas fue Gniezno y más tarde, fue sustituida por Cracovia durante un tiempo. Gracias al monarca sueco Zygmunt III Waza, nombrado rey de Polonia en 1587, Varsovia se convirtió en 1596 en la capital del país hasta nuestro días.

Polonia no participó en ninguna de las guerras religiosas que tuvieron lugar en Europa. Fue declarada “la tierra sin hogueras”, convirtiéndose en destino clave de emigrantes fieles de diversas religiones.

En Polonia se aprobó la primera Constitución de Europa (Constitución de 3 de Mayo) y la segunda en el mundo, después de la de Estados Unidos. Este estatuto lo decretó el rey Stanisław August Poniatowski en el año 1791.
En el infructuoso intento de reformar el Estado antes de su desaparición a finales del siglo XVIII, se creó La Comisión de la Educación Nacional, primer Ministerio de educación del mundo.

Napoleón Bonaparte recibió el apoyo polaco en sus operaciones militares, habiendo recibido la promesa de restablecer el país. Los soldados polacos integrados en el ejército de Napoleón lucharon también en la Península Ibérica y en la batalla de Somosierra (Madrid), una de las hazañas militares más conocidas por los polacos. Sin embargo, los soldados lamentaban el hecho de tener que luchar contra naciones y pueblos como España o Santo Domingo para recuperar  su independencia.

La política de la elección de reyes por parte de la nobleza colocaba en el trono polaco a personajes que no fueron necesariamente aptos para dirigir un reino. Sin embargo, entre ellos cabe destacar la figura de Juan III Sobieski, cuya fama traspasó las fronteras de Polonia a finales del siglo XVII. A petición del Papa, el monarca acudió a Viena para rescatar la ciudad del asedio de las tropas musulmanas turcas.

Los polacos nunca se conformaron con el hecho de haber perdido su independencia y la historia del país cuenta con varios episodios bélicos cuyo fin era el de recuperarla: se produjeron varios levantamientos, principalmente en los territorios ocupados por Rusia, pero  el único que resultó victorioso fue el de Wielkopolska (Polonia Mayor, Poznan) en 1918, que devolvió estas tierras a Polonia. El último de los motines tuvo lugar en 1944 en Varsovia, contra las tropas nazis que ocupaban la ciudad. El  Museo de la Insurrección de Varsovia, uno de los más importantes de la capital, recrea el día a día de los ciudadanos durante el levantamiento contra las tropas alemanas.

 

 

PLANIFICAR UNA RUTA

Planea un viaje
¿cuántas personas?
1
¿cuánto tiempo?
2 días

Quiero recibir el newsletter