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Museos y galerías

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En museos y galerías


Desde los tiempos en que se levantó el Templo de Sibila en Puławy, o sea, el primer museo en Polonia, han pasado 200 años. Los museos actuales son cada vez más modernos, lugares interactivos, que esclarecen el mundo, intrigan o saben hacernos sonreír. A veces son creados gracias a las pasiones particulares de toda clase de entusiastas.

En el insólito Museo de la Insurrección de Varsovia, en la capital, el ruido de los aviones bombardeando y las explosiones de los proyectiles acrecientan la amenaza de aquellos días. El que lo visite podrá “llamar” a los insurgentes, para que le narren sus vivencias, podrá pasar por los canales de desagüe, quitar las hojas del calendario que documenta los sucesivos días de la Insurrección, etc. En el Museo del Papel, en Duszniki Zdrój, cualquiera puede filtrar la masa de papel en una red y meterla en la prensa para al final obtener un pliego de papel de mano hecho por uno mismo, de la misma manera que se hacía siglos atrás.

Los museos siguen distintas estelas.
Los biográficos permiten conocer los talleres y todo aquello que rodeaba a famosos personajes: el astrónomo Nicolás Copérnico (Fradmbork) ), el escritor Kornel Makuszyński (Zakopane), el dramaturgo, poeta y pintor Stanisław Wyspiański (Cracovia) o el pintor primitivista Nikifor (Krynica).
Los etnográficos nos acercan costumbres olvidadas, a menudo de un modo práctico: por ejemplo, en el museo al aire libre de Kluki, que muestra una antigua aldea eslovina, todavía se teje el lienzo en los telares, se hila en la rueca, se hace la mantequilla batiendo la nata y se cuece el pan en moldes centenarios.

Especialmente fascinantes son los museos de la industria, como el de la Industria Textil de Łodź, el del Cobre, en Legnica o el del Ferrocarril, en Jaworzyna Śląska. Este último es ideal para los aficionados al ferrocarril, pues aquí podrán encontrar varias decenas de antiguos vagones y una imponente colección de locomotoras.

Por último, están los museos privados, no muy grandes, creados por gente aficionada. En Świdnica, gracias a la pasión de Stanisław Gabryś, un cerrajero jubilado, se creó el Museo de Armas y Objetos Militares, con una gran colección de bayonetas de todo el mundo, fusiles, cascos, uniformes y lanzadores. Con las muñecas, cochecitos y mecanos reunidos por Henryk Tomaszewski, el legendario creador del Teatro de la Pantomima de Wrocław, nació el Museo de los Juguetes de Karpacz. El pequeño y gracioso Museo del Realismo Socialista de Poznań nos recuerda cómo era un puesto ambulante de venta de agua con gas y nos enseña el arte de escribir discursos del antiguo partido en el poder.

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